el museo dibujado

Última

campaña Libertadora

jornada 18

fue de los primeros. desde las escaleras de la casa. esos días en los que empecé este trabajo y dibujando en esos jardines, tenía una sensación de libertad plena. que estéticamente podía hacer lo que fuera en los papeles que rayaba. solo era dejarse llevar por la intuición en el momento de entrar a La Quinta. sin negar que esa libertad era abrumadora, generalmente no sabía por donde comenzar por tener ese espacio, infinito, abierto. era mi casa. todo era mío en la medida en que nada me pertenecía. Gonzalo Arango como todos los artistas plásticos que menciono en este sitio me atormentaron por meterse en la mitad de lo que veía y lo que quería dibujar. seguro para llevarme como a un ciego por los jardines de La Quinta. yo no veo. sentí que ésta podría ser mi propia Campaña Libertadora, plástica y estéticamente hablando, en este lugar y como siguió siendo hasta hoy. agradezco que aparecieron los muertos y los que en vida me abrieron la puerta, me prestaron su banco de descanzo, los que me enseñaron a dibujar, los que vieron que algo podía yo hacer en esos papeles. ahí vamos, como dice Gustavo Cerati

la luz al final

jornada 17

seguía con mi idea de hacer algo abstracto, en el sentido en que la imagen no tuviera algo que reconocemos del mundo que vemos. en varios lugares de la Quinta, de los jardines, hay modelos del mundo que vemos, que en el papel se pueden ver abstractos. como unos fragmentos de escaleras rodeados de plantas. o un motón de maleza. finalmente lo que me interesa es hacer el ejercicio de dibujo. de hacer con un grafito algo que me exiga inventar una solución rápida a un manchón que no me gusta o a hacer una línea que describa de forma muy esquemática una hoja o una flor en el papel. de este dibujo me atrajo el final de la escalera que al verlo cuando llegué a ese lugar, me hizo visualizar el dibujo inmediatamente. lo único blanco de la hoja y de toda la composición del dibujo sería ese final de la escalera. era lo único que me interesaba en ralidad. cómo lograr conservar ese blanco y que lo demas sea un complemento sin mucho detalle. me atrajo también la caida de agua que está al lado de las escaleras. quize que saliera en mi dibujo esa caída de agua pero no tenía lugar donde sentarme, entonces decidi concentrarme en ese blanco del final de las escaleras y que en el dibujo pareciera luz. Dos colibríes de cola muy larga vinieron a bañarse en la caída de agua.

el universo y la tentación en la habitación de Manuelita

jornada 16

la habitación de Manuelita es un poco oscura pero su piano señoritero está iluminado por una luz que hace que parezca una escena teatral. la escena para mi era como los primeros cuadros de Henry Matisse. los tonos me recordaron las escenas de libros sobre un escritorio de esos cuadros. no pude evitar caer en la tentación de dibujar ese lugar con sombras. un dibujo hecho de manera muy diferente a como estan hechos los dibujos de habitaciones en línea solamente. para hacer un dibujo así hay que estar atento a los tonos de los grises que se aplican en el dibujo. el color puede ayudar mucho para diferenciar tonos que son muy parecidos. aquí solamente usaría negro. mientras dibujaba tenía la sensación de que esta tarea de copiar los tonos de la habitación era inútil. ¿para que representar algo de la misma manera en la que lo estoy viendo? normalmente no hago un dibujo de esta manera. porque ya se cómo quedará. ya sé desde el principio qué va a pasar al final. tres días haciendo algo que sabía cómo terminaría. un dibujo de tres días que no tendría ninguna sorpresa. pero, finalmente un dibujo es un ejercicio. el universo se expande y este papel con estas líneas encima no va a trascender. pensar esto era lo que hacía que pudiera dejarme llevar por la tentación de dibujar un espacio con tonos diferentes para dar la sensación espacial que da la habitación con el piano en primer plano. el último día que fui, fue un domingo de “siga esta es su casa” y entraron muchos visitantes. al final quedaron Manuelita y Bolívar en el mismo dibujo.

la solución del Señor Ayala

jornada 15

estaba seguro de mis habilidades de dibujante. pensé que esta silla era un buen motivo para probar la distancia a la que se paró Vincent Van Gogh delante de la silla que hizo famosa en el cuadro “silla de Van Gogh”. yo me paré frente a la silla pretendiendo dibujarla con una perspectiva similar. lo más parecido posible al famoso cuadro. hice un boceto rápido y el borde de abajo de la pata que estaba más cerca de mí quedaba en el borde de abajo del papel. partí desde ahí hacia arriba del papel. hasta ahí, todo bien. rayé y borré hasta que fui dándole la forma. las patas eran el centro de mi atención. quería que quedaran lo más parecido a como las estaba viendo. después de dejar las patas en su lugar y los brazos medio hechos, traté de no hacer muchos detalles antes de tener la forma completa de la silla. me di cuenta casi a las cinco cuando ya iban a cerrar que la parte de arriba del espaldar no me cabría en el dibujo. cerraron puertas y ventanas de un momento a otro y tuve que irme. volví al día siguiente y pensé que no era importante el detalle de que no cupiera la silla en la parte de arriba. podría dejarlo así y ya. terminé de arreglar detalles de la posición de las patas. pensé que esto sería mucho más fácil. también arreglé los brazos. avanzaba en todo pero me quedaba la parte de arriba del espaldar sin solucionar. ese día también era tarde. casi las cinco. Aristides Ayala, uno de los vigilantes de la casa-museo, llegó y me saludó como siempre muy cortés y me preguntó que cómo iba y yo le mostré mi dibujo diciéndole que esa parte todavía no la había solucionado. que me había quedado por fuera. él rápidamente me dijo, “mire: bájele a esta línea aquí y a esta otra por aquí y ahí le cabe”. así quedó.

chorros

jornada 14

Lucian Freud hizo una pintura de algo como un lavamanos con dos grifos de los que salen chorros de agua. no podía representar el agua como él lo hizo. hubiera tenido que acercarme mucho para representar el agua y que al ver el dibujo inmediatamente se pudiera recordar la pintura de Freud. este es un lavapiés y quise dibujarlo desde lejos para representar el objeto completo con sus matas. el lavapiés está en un pequeño corredor con plantas y detrás de él hay un túnel de plantas por donde se puede pasar para salir de la casa-museo. aunque la gente, para salir de la casa-museo, tenía que pasar entre mi modelo y yo. la mayoría de los visitantes me veía y  se detenían como si yo fuera a apretar un obturador y daban un paso atrás como si fueran a quedar registrados en mi dibujo. al ver que sólo dibujo pasan en puntas de pies sin hacer ruido, como si se dieran cuenta que disfrutaba del silencio del museo mientras dibujaba. todo el día sonó el agua cayendo.

Baño

jornada 13

me lavé. todo el tiempo en el que hice el dibujo lloviznó. alcanzaba a cubrirme el papel y la cara para que no se mojara la libreta. sólo se me mojó la espalda. el día estuvo muy frío. los visitantes que subían y veían el Baño de asiento, me decían “el jacuzzi”. quería dibujar con gestos diferentes en el papel. el frío estaba muy intenso. pero el dibujo me entusiasmó. escuché abajo cuando dibujaba el aguamanil, que cuando se limpiaban con un trapo y el mugre quedaba en las arrugas del cuerpo y no salían, era el aviso para el baño. pensaba que bañarse con este frío debía ser un acto de valentía. pensaba en lo fácil que es la vida para uno ahora.

“toduésto cambió”

jornada 12

ese aguamanil me hacía ojos desde hacía días. cada vez que pasaba por la habitación del Libertador y miraba hacia el tocador pensaba, en estos días vengo. como siempre era inevitable pensar en alguno de los pintores que me llevan a hacer eso que hago que a veces no entiendo. Roberto Páramo y su bodegón con pielroja. y esta composición que armaron en el museo estaba muy provocativa para ser dibujada. no sabría explicar muy bien por qué. el brillo del aguamanil. la transparencia de los frascos. la tela puesta como estaba puesta. el espejo. los objetos alargados sobre el tocador y el inevitable autoretrato en el reflejo del aguamanil. también estuve dos días haciendo este dibujo y los dos días la gente curioseaba el dibujo sobre mi hombro. según una de las vigilantes, la gente brinca detrás de mi para ver el dibujo y cómo lo hago. un visitante, un viejito con gafas oscuras, llegó y dijo “toduesto cambió, nada désto existía”.

recostao

jornada 11

volví a la línea pura o la pura línea. justo cuando puse la punta del lápiz en el papel me di cuenta de lo difícil de la tarea. para hacer un dibujo de esta manera prefiero los lugares con muchos objetos y si es posible desordenados para poder construir el dibujo de una manera más fácil, por así decirlo. comienzo por dibujar lo que está más cerca a mí y luego lo que está justo detrás. de acuerdo al tamaño del primer objeto dibujado, me fijo en el tamaño del siguiente y trato de representarlo según el tamaño del primero. tengo que tener en cuenta siempre el primer objeto dibujado para no perder la proporción de lo demás. pero parece que en éste a pesar de la dificultad, por lo ordenado y no tan lleno del lugar, si había una forma de construirlo. en éste me tocó construir el dibujo de derecha a izquierda y esto es complicado porque no puedo apoyar la mano en el papel para ir dibujando hacia la derecha porque ensucio la hoja. tuve que recostarme en el marco de la puerta del Salón de juegos, como se le llama a esta habitación. fueron dos días de dibujo. “recostao” en el marco de la puerta como me imaginaba a aquella figura del juego “trescillo” en el que juegan solo tres y el cuarto, el “recostao”, está atento a las apuestas y a algo más que dijo el guía pero yo por estar atento al pulso y a tener las manos firmes en el aire, y además a todo el juego de líneas de mi construcción, no puse cuidado a qué mas estaba atento el “recostao”.

la sonrisa

jornada 10

noté que este busto el de la entrada y el que está adentro en la plaza de las banderas de la Quinta. es muy parecido. lo noté porque tiene esa ligera sonrisa y el labio inferior un poco mas salido. otra vez el reto del retrato. pensaba que quería que esta vez me quedara idéntico. sentía que no tenía pierde. solo era hacer los trazos escultóricos, como los del estudio a partir del retrato de Velázquez del Papa Inocencio, de Alberto Giacometti. sentía que era sencillo. otra vez el día se me favorecía. hacía sol y las sombras en el busto eran claras. recordé los retratos que le hizo José María Espinosa a Bolívar en los que aparece con un rostro muy diferente. viejo y cansado. yo estaba solo dibujando al Héroe. ya cuando se fue el sol y la tarde y después de acomodar todas las líneas y manchas terminé alegre porque pude lograr la sonrisa del Heroe. me fui y a la primera persona que le mostré el dibujo, me preguntó: “… y ese, quién es?”

recuperando el hilo

jornada 9

muchos días pasaron y el ritmo que había adquirido se había ido. ya tenía que volver a recorrer la casa para ver donde podría recuperar el hilo que se me soltó hacía meses. iba para la huerta del Libertador a ver si dibujando el cebollín podría hacer un dibujo entre realista y abstracto. como los que hice en el jardín Bolivariano. pero cuando subía vi la bacinilla en la habitación del Libertador y pensé de nuevo que Simón Bolívar era un ser humano.

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